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Relato erótico: cena de empresa

La lectura y escritura erótica tiene una gran cantidad de beneficios, como ya os comenté en la anterior publicación. Para plasmar esto, quiero enseñaros este pequeño relato de 500 palabras que co-escribí con una maravillosa persona.

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Cena de empresa

El vestido negro le ceñía la cintura y acariciaba el inicio de los muslos con el balanceo de sus caderas. Era la segunda cena de empresa a la que acudía. Fue al baño, bajó su tanga de encaje negro y lo metió en su bolso, humedeció con su lengua el aparato con forma de huevo para que le fuese más fácil introducirlo. Lo empujó rozando sus labios vaginales y suspiró de placer y alivio.

Salió del baño con decisión. Pasó por detrás de un compañero del departamento contiguo depositando el mando en el bolsillo de su chaqueta.

—Mira en tu bolsillo —susurró en su oído.

La obedeció pulsando el botón superior.
Ella se removió incómoda en el asiento, apretando su pelvis contra la silla. Su boca se abrió levemente. El ruido ambiente hizo que no se escuchara ningún sonido de su boca. Nadie podía imaginar qué ocurría entre sus piernas.
Él apretó de nuevo el botón, entendiendo el juego al que le estaba sometiendo y estaba dispuesto a ganarlo.
Ella sentía cómo palpitaba su coño, deseando a cada vibración que fuese el miembro de su compañero el que se contorsionara dentro de ella frenéticamente.

—¿Algo más? —preguntó el camarero.

Ella ni se había percatado de que le estaba retirando el plato del postre.

—Un café —respondió a duras penas.

—Con leche —señaló él.

Ahogaba sus gemidos contra la servilleta. Él se levantó mientras la miraba fijamente: la estaba retando. Ella esperó unos segundos antes de seguirle.

Sin mediar palabra, ella se inclinó sobre el lavamanos dejando su cara junto al espejo del baño. Su corto vestido dejó expuesto su coño. A través del espejo observó cómo él se llevaba el huevo vibrador a su boca para chuparlo con devoción, saboreando sus jugos. No tuvo tiempo de sentir el vació del juguete, de inmediato se puso el condón y antes de ella soltase un gemido se introdujo en ella de manera rápida y profunda, de un solo movimiento.
Se miraban a través del espejo. Sus caderas chocaban a un ritmo desesperado, entre el miedo y la excitación del momento. Ella no aguantó más y estalló en un fuerte orgasmo.

Aún seguía convulsionando de placer cuando se enfrentó de rodillas a él. Por fin, se atrevió a hacer lo que había imaginado tantas noches mientras mojaba la cama acariciándose con su vibrador. Lo rozó primero con sus labios, disfrutando del sabor que producían las primeras gotas al contacto con su lengua, para volver a chuparlo entero. Notaba su sabor, escuchaba el ruido que hacía al entrar y salir de su boca y masturbaba contra su lengua en disposición completa de recibirle. Tres chorros de semen se dispararon contra su garganta. Ella tragó sedienta de deseo.

Juntaron sus lenguas en un primer beso, intercambiando los fluidos de ambos, compartiendo las pruebas de ese placer secreto y momentáneo en el baño. Acomodaron sus ropas y volvieron.

Los cafés de ambos se encontraban fríos en la mesa, ya no importaba.

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